V. APERTUS PILE

Si hay un espécimen distintivo del rugby, que hace que este deporte sea lo que es, presente y protagonista de todas las fases de juego, ese es el Apertus Pile.  Antes de nada y en pos de la indiscutible base científica de esta serie de artículos, me veo obligada a constatar un hecho, que aunque como delantera de nacimiento y convicción me destroce las entrañas decir en voz alta, no deja de ser cierto. El Apertus Pile o apertura como se le conoce en la actualidad,  es el puto amo del campo. Sí, lo habéis leído bien. Pero no os dejéis engañar por esta grandilocuente afirmación. Porque es el amo y señor pero indefectiblemente se pierde siempre toda la diversión. Para que entendáis mejor a que me refiero, podríamos comparar a los especímenes de Apertus Pile con esas imágenes de un león de gran cabellera, rey de la selva, cabeza de la manada, que se pasa el día entero tumbado a la fresca encima de una roca. Pues sí, el magnífico ejemplar dirige a sus súbditos que da gusto, pero siempre se pierde la diversión de la caza, la adrenalina de ver a la presa acorralada contra las cuerdas y el sabor de la sangre fresca invadiendo sus papilas gustativas.

Dentro del equipo, el Apertus Pile es el cerebro que consigue, o al menos intenta, que 15 egos dejen de lado sus diferencias y aspiraciones personales para trabajar como un engranaje bien engrasado con un objetivo común: conseguir puntos. Para ello se dedicará a la ardua tarea de pivotar y pasar rápidamente todos los balones que caigan en su poder, o en su defecto a darles una patadita que subirán sus secuaces de la línea. Todavía no hay un consenso internacional de si este modus operandi se debe a una estrategia para hacer circular el balón con velocidad entre los tres cuartos, o a un miedo inconfesable al contacto. Los defensores de la segunda teoría aseguran tener constancia de un Apertus Pile que consiguió terminar su carrera deportiva con una estadística perfecta de 0 placajes recibidos en partido.

anatomia-apertura

Sin embargo, hay algo que un Apertus Pile odia mucho más que los placajes o que a los jugadores que se atreven a saltar al césped llevando zapatillas y calcetines sin combinar: los rucks. Estas montoneras de personas gobernadas por la ley de la entropía y del desorden universal son la kriptonita de los aperturas, y se alejarán de ellos lo más rápido posible alegando las excusas más variopintas: que si había que cubrir el cerrado, que si parecía que iban a patear y tenía que apoyar al zaguero, que es que igual ganábais el contraruck y tenía que estar yo para alejar el balón del punto de encuentro… Tras varios experimentos con especímenes de todo el mundo los expertos en esta ciencia han consensuado que lo que realmente sucede es que los rucks no sólo duelen, sino que despeinan, y es vox populi que un Apertus Pile puede sobreponerse a muchas situaciones complicadas, pero nunca correrá el riesgo de salir despeinado en una foto.

Aún sabiendo que encontrarán muchos rucks en su camino los aperturas siguen saltando al césped cada fin de semana motivados por ese tiro a palos que les dará la fama o ese Drop que hará que sean recordados en los anales del rugby. Ese es el momento del apertura, su instante de gloria. Cuando el árbitro levanta el brazo y hace sonar el silbato en un Golpe de Castigo centrado los sentidos del Apertus Pile se agudizan, se le eriza el vello, se le dilatan las pupilas y el corazón comienza a latirle más deprisa de lo normal. Acomoda el tee, posa encima el oval y se cuadra entre la H que forman los palos, con la mirada perdida en la inmensidad, consciente de que todos los flashes están apuntándole sólo a él. El silencio, la ovación que le sigue cuando el balón coge la trayectoria deseada y saberse el artífice de otra victoria le harán saltar al campo otra semana más, aún sabiendo que encontrará muchos más rucks en su camino.

 

 

 

 

Atlas de los grandes mamíferos, RUGBY

ATLAS DE LOS GRANDES MAMÍFEROS

Atlas de los grandes mamíferos, RUGBY

IV. MEDIUM HOMINIS

El Medium Hominis es una especie muy antigua. Los primeros códices que hablan de su existencia datan de principios del S.XV en países de habla inglesa. En ellos todavía no se conoce al medio melé como tal, sino por su nombre mitológico: ‘gremlin’. Estas criaturas de naturaleza malévola se caracterizaban por destruirlo todo, en especial  por causar accidentes en medios de transporte como trenes y aviones.
Con el tiempo, y la llegada de estas criaturas a la pantalla, algunas de ellas decidieron alejarse de la fama y de su mala reputación y tomaron su propio camino. Fue entonces cuando se toparon en las grandes explanadas de la campiña inglesa con el rugby, y pronto ese deporte les fascinó. Encontraron un lugar en el que su corta estatura, su mala leche enmarcada en una cara con ojos enormes y una sonrisa puntiaguda y ensangrentada podía ser útil. Así el deporte oval encontró a su eslabón entre la línea y la delantera, y los ‘gremlims’ encontraron un ambiente en el que seguir mangoneando al personal, repartir manporros, y tirar la piedra y esconder la mano porque un delantero siempre iba a estar allí para salvarles los muebles.
Sin embargo, no todos los Medium Hominis proceden de tiempos tan lejanos. Las circunstancias hicieron que otro grupo humano también se viera forzado a ocupar esta posición en el campo, más por necesidad que por elección, menos por gusto que porque no valían para otra cosa. Te estoy hablando ‘del peque’, del ‘pitu’, el ‘chiqui’ del instituto o de tu grupo de amigos al que nunca dejábais jugar a fútbol porque de lo pequeño que era no valía ni para portero. Los entrenadores de rugby de aquel entonces vieron la oportunidad de que esos seres humanos excepcionalmente pequeños se colasen por debajo de las piernas de los segundas torpes, como hormiguitas debajo de un avestruz. Así, estos humanos en tamaño portatil empezaron a correr la voz de que había una oportunidad de futuro para ellos, y que en el rugby habían encontrado su sitio.
ANATOMIA medio
Más allá de su procedencia, si en algo coinciden los antropólogos de todo el mundo es en que el Medium Hominis dentro del campo es un ejemplar inconfundible. Y no sólo por su tamaño. Su pequeña estatura, por alguna razón hace que se concentren en ellos dosis de mala ostia mortales para cualquier otro mamífero, y les hace sentir invencibles rodeados de búfalos musculosos dispuestos a arrancarles la cabeza.
Por esta razón, los Medium Hominis, con su metrillo y medio justo tienen el suficiente amor propio como para hacerse escuchar por encima de sus delanteros, y lo más importante, hacer que le obedezcan. Cual Napoleón en la batalla de Austerlitz, el medio dirige a su pack con una autoridad de origen desconocido. Conduce los maules, inmola a sus delanteros contra muros infranqueables, juega las odiadísimas ‘patadas a la caja’ en las que no puede correr por estar detrás del agrupamiento y deja a todo su equipo en fuera de juego, salta para pasar al 10 después de cada melé aunque no tenga ninguna presión del medio contrario porque quedan ‘unos fotones del carajo’ y hasta a veces se juega un ‘pick and go’ si se ve fuerte, o más bien si el equipo contrario se ha olvidado de poner los postes.
Pero si algo diferencia a un medio melé en el campo del resto de los jugadores (aparte de su altura,obviamente) es que nunca, nunca tiene culpa de nada. No existe registro físico en el que un Medium Hominis haya reconocido haber ejecutado un mal pase. Yo tampoco lo he visto nunca con mis ojos, y creo que nunca lo veré. Eso sí, el muestrario de excusas de un medio melé es tremendamente variopinto y jodidamente interminable. El balón estaba mojado, tenía poco grip, los delanteros han dejado el ruck muy sucio, el 10 se ha movido sin avisar, ha pasado una ráfaga de viento africano, un pájaro se ha puesto en medio y ha cortado la trayectoria del balón… y la más utilizada: es que ibas ‘pasao’.
Aún así, por mucho que lo pueda parecer, un medio melé no es feliz. Al ser el eslabón perdido entre la línea y la delantera el Medium Hominem no está cómodo en ningún sitio, pero tampoco está a disgusto en ninguna parte. Sueña con ser un flanker, mancharse de sangre hasta las cejas cada partido y salir con la nariz de hinchada y torcida en las fotos. O con ser la estrella y ensayar como los alas, o ser el pateador al que todo el mundo idolatra. Oir su nombre coreado por mil voces en el Aviva o el Eden Park.
Aunque su apariencia resulte a priori inconfundible dentro del césped, con el tiempo y el paso de los años los científicos han identificado diferentes ramificaciones de estos especímenes que comparten en el campo posición y funciones. Para no hacer de esto un artículo interminable, podríamos dividirlos en tres grandes subgrupos:
  • Medium homo velox: (lat.) también conocido como ‘el medio rapidísimo’ o ‘el visto y no visto’. Tiene madera de ala, contrapié de centro y el nulo amor por su integridad de un tercera. Un gran activo para los equipos, si no fuera por la frecuencia con que no hay nadie para sacar el balón de los agrupamientos.
  • Medium homo tardo: (lat.) este subtipo conocido como ‘el medio lento’ o ‘el delantero reconvertido’ destaca por su nula velocidad, tanto de piernas, como de reacción. Sus delanteros suelen ir por el campo animándole, conscientes de su sufrimiento, o infiriéndo insultos contra él porque llega tarde a todos los puntos de encuentro. Su maldición es haber caído en esa posición sin comerlo ni beberlo, porque no había otra persona para hacer su función.
  • Medium homo cum galea: (lat.) el espécimen que más desconcierta a científicos y estudiosos del oval. El ‘medio con casco’ es claramente una rareza, ya que en su posición no necesita ese complemento para nada y de momento nadie ha decidido que sea una prenda favorecedora. No se ha conseguido llegar a un consenso por el momento, sobre si la utilización del casco obedece a un miedo irracional de estas personas en concreto, o a un camuflaje para sentirse parte de la tribu de los delanteros.
Pero medios del mundo, no desesperéis. Si Shane Williams (joder que bueno era el cabrón) consiguió jugar de ala con su mini estatura, seguro que si seguís dándole el coñazo todos los días a vuestro entrenador al final tendrá que dejaros probar en vuestra posición soñada. Y nunca se sabe, la moda de los segundas altos siempre puede cambiar.